sábado, 2 de julio de 2016

Dialoguillo

—¿Cómo puedes decir eso de su libro?
—Conozco al hombre, no puedo apreciar su obra.

viernes, 3 de junio de 2016

lunes, 23 de mayo de 2016

Palabra en el tiempo

Ni mármol ni música ni pintura, «sino palabra en el tiempo», aconseja, famosamente, la brevísima ars poetica de Antonio Machado. Que la palabra sea en el tiempo. Pero ¿hay palabra que no lo sea? Más aún, ¿hay palabra poética que no aspire a triunfar de él, es decir, a perdurar en él?

sábado, 14 de mayo de 2016

Justo lo que el mundo necesita: otro libro

Y además un manual de Bachillerato, otro más. Y de Filosofía, para más inri. Y que en realidad son dos, porque se le añade el dichoso libro del profesor... Pero es una satisfacción que paga con creces todos los esfuerzos y sobreesfuerzos de su larga gestación, todos los requisitos y plazos editoriales, todas las exigencias y prolijas milongas legal-pedagógicas. Y, por supuesto, también una satisfacción y un privilegio el haber trabajado duro codo con codo con María José Reyes y Jesús Cotta, a quien debo el haberme embarcado en esta travesía que se ha prolongado más de dos años y que está a punto de llegar a buen puerto. Entre los tres lo hemos logrado, finalmente. Gracias por vuestra ayuda y vuestra amistad.

Y quién iba a decirme a mí que mi primera criatura editorial (y tal vez la última) iba a ser un libro de texto... Sea como fuere, tal padre orgulloso y sonriente de oreja a oreja, muestro a la criatura aquí.

sábado, 23 de abril de 2016

El último sofisma liberticida

De ayer mismo, por lo cual será antepenúltimo. Literal o casi literalmente dice: «La información es un derecho imprescindible que no puede estar sometido a intereses particulares.» Ahora bien, son los particulares los que precisamente tienen derechos, y, por supuesto, tienen intereses, legítimos intereses, que, por cierto, no son otros que los intereses públicos, ya que lo público no es sino la suma de los particulares.

En este tipo de argumentos, lanzados demagógicamente y a matar contra la poca prensa que aún se opone algo a la feroz marea totalitaria que nos amenaza, y que no aplaude con entusiasmo o asiente callada y genuflexa, late la filosofía del viejo Hegel —al que Marx le debe casi todo—, quien decía aquello de que el Estado es la realidad de la Idea moral. Del viejo genio al servicio del Estado prusiano a estos ignaros desarrapados voluntarios con attrezzo de Alcampo han cambiado muchas cosas y se han degradado todas, a excepción de la carcundia.

«Nada fuera del Estado», insistía Mussolini; nada, por tanto, que se oponga a lo estatalizado (falazmente llamado «público») es verdad ni es decente, es más, debe ser rápidamente extirpado por peligroso: he ahí el orwelliano Ministerio de la Verdad; he aquí la no menos orwelliana y vigente web de la verdad carmenita.

Cuando sean aupados a detentar todos los resortes del monstruoso aparato estatal, estos carcundas disfrazados de extrarradio tendrán el monopolio del Bien y de la Verdad, incluso —horresco referens— de la Belleza.

domingo, 24 de enero de 2016

Invictus

                                In memoriam R.T. Hamilton Bruce (1846-1889)

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeoning of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unfraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll:
I am the master of my fate,
I am the captain of my soul.

William Ernest Henley, Echoes, IV (1872-1889)


                               In memoriam R.T. Hamilton Bruce (1846-1889)

Desde la noche que me cubre,
negra como el abismo entre los polos,
doy gracias a los dioses cuales fueran
por mi alma inconquistable.

Entre las garras de las circunstancias
ni torcí el gesto ni lloré gimiendo.
Bajo los golpes del azar
mi frente sangra pero no se humilla.

Allende este lugar de ira y lágrimas,
el Horror sólo acecha de las sombras.
No obstante, la amenaza de los años
me halla y me hallará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuán llena de castigos la sentencia:
yo el amo soy de mi destino,
yo soy el capitán de mi alma.


William Ernest Henley, Ecos, IV (1872-1889)