martes, 14 de abril de 2015

La República de Camelot

Hay quienes hoy vuelven a sentirse utópicamente excitados por trágicas historietas de sueños abortados y seculares traiciones melanomíticas. Entre ellos, los que piensan que el mágico remedio de una nación en la que no creen —si no detestan— lo constituye la limpieza, el adanismo, el desde-cero, el nuevo ex novo de la sempiterna República pendiente —esta vez sí—, que es también el retorno a la fugaz Edad de Oro de la franja del morado masónico, a la República de Camelot. Que a la Tercera iría la vencida lo tienen claro. Esta vez tampoco se pararían en barras. Como por ensalmo, advendría el paraíso en la Tierra, la leyenda tangible —el camelo de Camelot.

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