viernes, 7 de noviembre de 2014

Yo soy nazareno

No es de extrañar que no lo hayan ni visto ni oído en los medios de comunicación de masas, porque la suerte de los cristianos les importa un pimiento a los presuntos y a menudo coléricos y urgentes adalides de los Derechos Humanos, ya que los derechos suelen ser derechos siempre que sean los de otros humanos. Los fanáticos asesinos del neo Califato cortan las cabezas a los niños cristianos y las exhiben pinchadas en palos, violan a las mujeres y las asesinan o venden como esclavas, a los hombres los cuelgan o los crucifican. Llevan en esa tierra de la antiquísima y bíblica Nínive dos mil años, contra viento y marea de discriminaciones, persecuciones y asesinatos por parte del Islam imperante, que siempre ha sido una religión de poder; son además descendientes directos de los antiguos caldeos, babilonios, asirios. Pero los terroristas del Estado Islámico están haciendo lo posible por que les llegue la hora de optar entre el genocidio o el definitivo abandono de su tierra: el 95% ya han huido de ella. En Mosul, las casas de los cristianos son marcadas con la letra nun, inicial de nasârà (literalmente «nazarenos»), para indicar que ya son propiedad del Estado Islámico. Esa letra, que unos verdugos genocidas pretenden que sea de la ignominia y la vergüenza, y antesala de una muerte segura, como las estrellas de David pintadas por los nazis en las casas de los judíos alemanes, se ha convertido en motivo de orgullo y de resistencia al Mal absoluto; muchos musulmanes, personas de buena voluntad, han secundado un gesto que crece y esperemos que siga creciendo: ostentar el símbolo de la letra nun, nazareno, cristiano, aunque uno no lo sea, en solidaridad con quienes tanto sufren injustamente y tan poco eco encuentran a su intolerable sufrimiento. Yo también soy nazareno.

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