sábado, 15 de noviembre de 2014

Lecciones

El colmo de la desfachatez no es ver a un nazi dando lecciones de fraternidad universal, ni siquiera a un talibán dando lecciones de tolerancia religiosa, el colmo de la desfachatez, de la ridiculez, de la jeta, es ver a un comunista dando lecciones de cómo dar de comer al pueblo. Pero ahí siguen, redivivos, recién salidos del basurero de la Historia 25 años después (que es un decir, porque todo el rato estuvieron, aunque vestidos de lagarterana). Ahí vuelven con las mismas ganas de siempre de agarrar la vara de mando y la pistola. Si no fuera tan grave, sería el colmo de la risa. Dondequiera que haya triunfado, el comunismo ha llevado consigo la miseria, la tiranía, la mentira y la muerte. Por eso hay otro colmo, si cabe, aún peor: el de aquellos que por miles están dispuestos a votarlo para que gobierne sus vidas y les haga realidad su peculiar versión del cuento de la lechera. El colmo de la estupidez. Para partirse.

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