viernes, 7 de noviembre de 2014

La tetera orbital

Los grandes escépticos nunca se cansaron de ser irónicos. Nunca se cansaron de cansarnos. En realidad, los grandes escépticos eran tan dogmáticos como falsa su reputada moderación. Aquella su pretendida ironía solía deambular entre el sarcasmo y el golpe bajo, eso sí, en tono menor. Evidencia de ello son sus frutos: el supuestamente aséptico y tolerante Russell engendra a Dawkins, el talibán ateo y comecuras hambriento, nacido —lamentablemente para él— unas décadas tarde, al menos de momento. Ejemplo de esta presunta ironía es la conocida parábola russeliana de la tetera orbital, la cual viene a decir que la idea de que Dios existe es tan inverosímil como la de una tetera de porcelana que girase en torno al Sol describiendo una órbita elíptica allá por los espacios interplanetarios. La pretendida analogía no me parece condenable porque afirme que la idea de Dios es tan infalsable como la de la tetera orbital: es condenable porque encierra la falacia de igualar gratuitamente la probabilidad de que exista esa tetera de sideral porcelana con la probabilidad de que exista Dios. Porque ¿de qué calculo de probabilidades la infiere? ¿Se exhibe alguna prueba? Alguien tan metódico, racional y ultralógico como Bertrand Russell debería ilustrarnos y explicar de qué procedimiento matemático, de qué cálculo extrae esa estimación probabilística. ¿A ojo de buen cubero? ¿A medida de sus prejuicios? ¿La extrae del mismo sitio que aquella otra conclusión suya, cuando afirmó que la solución para la amenaza de Hitler era no la guerra, sino invitar a los nazis a hacer turismo en el Reino Unido? Decididamente, la rigurosidad de los razonamientos russelianos nos autorizan a hacer esta analogía, no menos rigurosa que la de su tetera: «La probabilidad de que los SS se olvidasen de matar judíos después de hacer de turistas por Picadilly es inversamente proporcional a la probabilidad de que Dios exista.»

2 comentarios:

  1. La tetera de Russell siempre me pareció una metedura de pata en un filósofo. Desde que el Homo sapiens es HOmo sapiens nunca ha tenido necesidad de postular la existencia de una tetera en órbita, pero sí la necesidad, el anhelo y la idea de un Absoluto. Buena entrada, sí señor.

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    1. Lo peor de la parábola no es, a mi juicio, lo que dice ser, sino lo que nos cuela de rondón: que afirmar que existe Dios es tan absurdo e imposible como que exista esa tetera orbitando al Sol. Su justificación es el argumento de que la hipótesis de la existencia de Dios no es falsable, que obviamente no lo es, del mismo modo que tampoco es falsable la hipótesis de la tetera, pero siempre puedo alegar que existe pero es tan pequeña que no podemos observarla, del mismo modo que de Dios puedo decir que existe pero no se deja observar. Hasta ahí bien, pero la falacia está en lo que connota el símil, que es lo que ya he indicado, y que no me parece un argumento muy limpio sino un golpe bajo, peor aún en los que presumen del prurito de claridad lógica.

      Luego el texto de Russell tiene más miga, porque no pierden ocasión de adjudicar a quien cree en Dios la tendencia a imponer violentamente su criterio, ¡cuando nadie ha matado más que las ideologías ateas! Pero eso lo dejo para otra entrada.

      Un abrazo y gracias por la visita.

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