domingo, 30 de noviembre de 2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

Quedan

Lo bueno de escribir las cosas es que quedan. Lo malo de escribir las cosas es que quedan.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Lecciones

El colmo de la desfachatez no es ver a un nazi dando lecciones de fraternidad universal, ni siquiera a un talibán dando lecciones de tolerancia religiosa, el colmo de la desfachatez, de la ridiculez, de la jeta, es ver a un comunista dando lecciones de cómo dar de comer al pueblo. Pero ahí siguen, redivivos, recién salidos del basurero de la Historia 25 años después (que es un decir, porque todo el rato estuvieron, aunque vestidos de lagarterana). Ahí vuelven con las mismas ganas de siempre de agarrar la vara de mando y la pistola. Si no fuera tan grave, sería el colmo de la risa. Dondequiera que haya triunfado, el comunismo ha llevado consigo la miseria, la tiranía, la mentira y la muerte. Por eso hay otro colmo, si cabe, aún peor: el de aquellos que por miles están dispuestos a votarlo para que gobierne sus vidas y les haga realidad su peculiar versión del cuento de la lechera. El colmo de la estupidez. Para partirse.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Anglomanía y felicidad

Ya no recuerdo de quién era aquella cita, difícilmente olvidable, que leí en mis lejanos tiempos de la universidad: «Sólo los matemáticos son felices». Tal vez siga siendo cierto, pero hoy día yo la cambiaría por ésta otra: «Sólo los anglómanos son felices». Beben y beben de una fuente de inagotable, insondable felicidad.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Tres poemas de Tomás R. Reyes

La piel mentida de los sueños rotos
se instala en el ramaje del deseo.
Esta noche gotean
las uvas del silencio estremecido
y rezuman los siglos su corteza mordida
de savias olvidadas.
El útero del sueño
ha parido otro verso innominado.

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El beso impenetrable de la nada
acampa aquí a mi lado,
junto a las aguas quietas del instante
y su quietud certera
reservada a un silencio de desvíos.

Tus manos domestican las mareas
hechas piedra de siglos, acarician
el tacto de las olas, su delicado encaje
del color desvelado del hueso de los sueños.

Yo sobrevuelo tardes
con las alas de piedra de tus ojos.

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En la noche secreta
tremolan los olvidos
como un lento rocío de desvelos.
¿Qué demencia titila en lo ignorado,
en los susurros huecos del abismo,
en tu mirada ávida de columnas perdidas,
en la música feble del tacto de tus párpados?

La llave de los tiempos
se guarda en el bolsillo de la sombra.
A espaldas de esta noche
—puerta desvencijada por los siglos—
el germen de mis versos se origina.
Es un gozne el olvido,
que se abre al esqueleto de la nada.

¿Qué conducto me lleva, me seduce,
al espejo ochavado de la mañana intacta?
¿Qué bisagra me habla?

Es un lío tremendo.



Tomás Ramírez Reyes, El huerto desechado,
Ediciones de la Ínsula de Sustolá (2010)

domingo, 9 de noviembre de 2014

San Nectario de Egina

Me encuentro anoche, ya de madrugada y buscando otras músicas, este himno bellísimo, Agní Parthene, compuesto por San Nectario de Egina. Al buscar más información, descubro que es un himno moderno, cuyo autor murió en 1920, precisamente el 9 de Noviembre, fecha además de su festividad. Las casualidades no existen.

Enlazo la versión de Petros Gaitanos, la versión en ruso de unos monjes del monasterio de Valaam, ambas extraordinarias, pero encarezco la absolutamente maravillosa de la serbia Divna Ljubojevic. Esto es lo que cantan ella y su coro:

Αγνή Παρθένε Δέσποινα
Άχραντε
Θεοτόκε
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Παρθένε Μήτηρ Άνασσα
Πανένδροσε
τε πόκε
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Υψηλοτέρα
ουρανών
ακτίνων
λαμπροτέρα
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Χαρά Παρθενικών Χορών
αγγέλων
υπερτέρα
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Εκλαμ
προτέρα ουρανών
φωτός
καθαρωτέρα
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
των ουρανίων στρατιών
πασών αγιωτέρα
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Μαρία
Αειπάρθενε
Κόσμου
παντός Κυρία
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Άχραντε Νύμφη πάναγνε
Δέσ
ποινα Παναγία
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Μαρία
Νύμφη Άνασσα
χαράς
ημών αιτία
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Κορή σεμνή Βασίλισσα
Μήτηρ
υπεραγία
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Τιμιώτερα
Χερουβείμ
υ
περενδοξοτέρα.
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
των ασωμάτων Σεραφείμ
των
θρόνων υπερτέρα
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Σε
ικετεύω Δέσποινα
Σε
νυν επικαλούμαι
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Σε δυσωπώ,Παντάνασσα
Σην
χάριν εξαιτούμε
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Κορή
σεμνή και άσπιλε
Δεσ
ποίνα Παναγία
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Θερμώς επικαλούμε Σε
Ναέ
ηγιασμένε
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

Αντιλαβού
μου, ρύσαι με
α
πό τού πολεμίου
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε
Και κλήρονομον δείξον με
ζωής
της αιωνίου
Χαίρε
Νυμφή Ανύμφευτε

viernes, 7 de noviembre de 2014

La tetera orbital

Los grandes escépticos nunca se cansaron de ser irónicos. Nunca se cansaron de cansarnos. En realidad, los grandes escépticos eran tan dogmáticos como falsa su reputada moderación. Aquella su pretendida ironía solía deambular entre el sarcasmo y el golpe bajo, eso sí, en tono menor. Evidencia de ello son sus frutos: el supuestamente aséptico y tolerante Russell engendra a Dawkins, el talibán ateo y comecuras hambriento, nacido —lamentablemente para él— unas décadas tarde, al menos de momento. Ejemplo de esta presunta ironía es la conocida parábola russeliana de la tetera orbital, la cual viene a decir que la idea de que Dios existe es tan inverosímil como la de una tetera de porcelana que girase en torno al Sol describiendo una órbita elíptica allá por los espacios interplanetarios. La pretendida analogía no me parece condenable porque afirme que la idea de Dios es tan infalsable como la de la tetera orbital: es condenable porque encierra la falacia de igualar gratuitamente la probabilidad de que exista esa tetera de sideral porcelana con la probabilidad de que exista Dios. Porque ¿de qué calculo de probabilidades la infiere? ¿Se exhibe alguna prueba? Alguien tan metódico, racional y ultralógico como Bertrand Russell debería ilustrarnos y explicar de qué procedimiento matemático, de qué cálculo extrae esa estimación probabilística. ¿A ojo de buen cubero? ¿A medida de sus prejuicios? ¿La extrae del mismo sitio que aquella otra conclusión suya, cuando afirmó que la solución para la amenaza de Hitler era no la guerra, sino invitar a los nazis a hacer turismo en el Reino Unido? Decididamente, la rigurosidad de los razonamientos russelianos nos autorizan a hacer esta analogía, no menos rigurosa que la de su tetera: «La probabilidad de que los SS se olvidasen de matar judíos después de hacer de turistas por Picadilly es inversamente proporcional a la probabilidad de que Dios exista.»

Yo soy nazareno

No es de extrañar que no lo hayan ni visto ni oído en los medios de comunicación de masas, porque la suerte de los cristianos les importa un pimiento a los presuntos y a menudo coléricos y urgentes adalides de los Derechos Humanos, ya que los derechos suelen ser derechos siempre que sean los de otros humanos. Los fanáticos asesinos del neo Califato cortan las cabezas a los niños cristianos y las exhiben pinchadas en palos, violan a las mujeres y las asesinan o venden como esclavas, a los hombres los cuelgan o los crucifican. Llevan en esa tierra de la antiquísima y bíblica Nínive dos mil años, contra viento y marea de discriminaciones, persecuciones y asesinatos por parte del Islam imperante, que siempre ha sido una religión de poder; son además descendientes directos de los antiguos caldeos, babilonios, asirios. Pero los terroristas del Estado Islámico están haciendo lo posible por que les llegue la hora de optar entre el genocidio o el definitivo abandono de su tierra: el 95% ya han huido de ella. En Mosul, las casas de los cristianos son marcadas con la letra nun, inicial de nasârà (literalmente «nazarenos»), para indicar que ya son propiedad del Estado Islámico. Esa letra, que unos verdugos genocidas pretenden que sea de la ignominia y la vergüenza, y antesala de una muerte segura, como las estrellas de David pintadas por los nazis en las casas de los judíos alemanes, se ha convertido en motivo de orgullo y de resistencia al Mal absoluto; muchos musulmanes, personas de buena voluntad, han secundado un gesto que crece y esperemos que siga creciendo: ostentar el símbolo de la letra nun, nazareno, cristiano, aunque uno no lo sea, en solidaridad con quienes tanto sufren injustamente y tan poco eco encuentran a su intolerable sufrimiento. Yo también soy nazareno.