jueves, 1 de mayo de 2014

Gloria vicaria

Por más que comprensible y hasta cierto punto disculpable, no deja de ser curioso, a veces ridículo, que el traductor se crea en tantas ocasiones investido del mérito de aquel a quien traduce. Esa gloria vicaria (y ciertamente apócrifa mientras vaya más allá de los méritos técnicos o artísticos de la labor traductora) tiene envanecido, tontamente envanecido, a más de uno.

4 comentarios:

  1. Sí Antonio, son traductores, pero "No" escritores.

    Saludos

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    1. Ahí no estoy de acuerdo del todo contigo, Lourdes: el traductor debe tener por lo menos oficio de escritor, una capacitación técnica mínima imprescindible; y, aun no siendo el inventor de la obra original, sí que ha de tener también inventiva en su propia lengua para resolver los problemas innumerables que plantea una traducción. Ahora bien, de ahí a creerse tocado por la gloria de los creadores originales va mucho. Y pienso ahora mismo en alguien cercano, que no voy a mencionar: luego todo se sabe...

      Un saludo y gracias por la visita.

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  2. ¿Un traductor debe ser escritor?. Debe saber traducir muy bien, pero no creo que por ello deba ser también escritor. El escritor es una persona diferente, es el pilar de lo que el traductor traduce. Antonio, ¿No crees?. Pregunto.



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    1. Creo que no estamos tan en desacuerdo como parece. El traductor ha de saber escribir bien en su propio idioma; lo que no necesitará es de la inventiva. Un ejemplo fácil: alguien que traduzca el Quijote al inglés ha de saber escribir en inglés, redactar si se quiere; pero, obviamente, nadie le pide que invente las ingeniosas peripecias ya inventadas por Cervantes.Yo creo que coincidimos más de lo que parece.

      Un abrazo.

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