miércoles, 20 de noviembre de 2013

Unas coplas de Manuel Machado

Es bien sabida la predilección que, dentro de su variopinta y al mismo tiempo unitaria obra, tiene Manuel Machado por la poesía popular, concretamente flamenca; el gran poeta sevillano se sitúa en ella en el lugar del eterno cantor anónimo, que con una sencillísima pero suficiente estructura estrófica es capaz de llegar a lo más hondo (o jondo) del alma humana. Selecciono algunas composiciones en las que el sempiterno hermano de su hermano deja mover su pluma al compás del estro del pueblo sencillo, sin renunciar nunca a la exquisitez formal que en todo lugar lo caracteriza. Pertenecen, cómo no, a su Cante hondo (1916), y algunas se cuentan entre las más famosas y celebradas de su autor. En la pequeña serie numerada que se ofrece a continuación, he procurado abarcar los distintos temas que cubre esta señalada faceta de la poesía de Manuel Machado: el previsible tema del amor imposible (2), el del desamor (6,7), el de la pasión excesiva (9); el tema de la vida nocturna, bohemia y canalla (2, 4, 5); un arraigado y elegante, aunque perplejo, escepticismo, muy caracteristico de esta etapa de nuestro autor (10, 11), que no excluye llamar al pan pan y al vino vino (3, 12); una muy machadiana reflexión sobre el tiempo y la identidad (1); e incluso un desgarrador quejío (8) con trasfondo de denuncia social, en una seguiriya gitana que tan bien podría entonarse acompañada de la guitarra. Nótese, por último, que dos de las siguientes coplas son bien conocidas: la 6, que su hermano Antonio, con el que tanto colaboró, remató tal vez de modo más exitoso; y la 9, que recibió años después una versión a cargo de un famosísimo cantaor que todos reconocerán. He aquí ya la pequeña antología:

(1)
El que un día dijo adiós
nunca vuelve siendo el mismo:
es otro, no el que partió.

(2)
Cuando estás despierta, duermo;
cuando duermes, velo yo:
que yo sea tan juerguista
no conviene a nuestro amor.

(3)
Lo mires como lo mires
y lo vuelvas a mirar,
el que no llora, no mama:
¡fijate si llorará!

(4)
En el cuarto' los cabales
los flamencos se apretujan
como pollos en corrales.

(5)
¡Mujer, déjame en la cama,
que aunque sea mediodía,
aún me dura la resaca!

(6)
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día...
¡no veas lo que costó!

(7)
¡Mira si yo te he amao,
que de mi casa a la tuya
ocho suelas he gastao!

(8)
Ya he entregao en Hacienda
la declaración,
¡que las fatiguitas, niña, de la muerte
he pasaíto yo!

(9)
Tengo que hacer un rosario
con tus dientes de marfil...
y cuando tengas que usarlos,
me los vuelves a pedir.

(10)
Tú lo sabes, yo lo sé,
luego los dos lo sabemos...
pero no recuerdo qué.

(11)
De lo que dice la gente,
yo nunca me creo ,
porque una mitá es mentira
y la otra no es verdá.

(12)
La felicidad completa:
una morena del brazo
y la cartera repleta.

2 comentarios:

  1. No sé cómo se ha internacionalizado tanto una composición de tres versos como el haiku y sin embargo esta nuestra, que comparte estructura y "pellizco" con la nipona se nos ha quedado endémica. Cosas del marketing, supongo.
    Un abrazo.

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    1. Yo también lo supongo, pero también porque es «exótico» y de confección aún más fácil. En cuanto a lo del «pellizco», a los haikus les queda más lejos, salvo contadísimas ocasiones; no es el caso, obviamente, de estas coplas manuelmachadianas, que pellizcan lo suyo... :)

      Un abrazo.

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