sábado, 30 de noviembre de 2013

Epitafio IX

EPITAFIO PARA UN ASESINO

Cuando el gusano acabe con el cuerpo,
seguirá con el alma el que es eterno.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Una cita de León Felipe

Ahora a mí me sucede
lo contrario que al hidalgo manchego:
que tomo por rebaños
a los ejércitos.

Léon Felipe, Versos y oraciones de caminante (1920)

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Heráclito vía Borges

Nadie es el mismo dos veces para bañarse en el mismo (u otro) río. Nadie es dos veces el mismo alguien.

martes, 26 de noviembre de 2013

Epitafio VIII

EPITAFIO EN UNA TUMBA SIN NOMBRE

A todos nos iguala el mismo olvido:
¿qué ganas con saber quién yo haya sido?

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una duda me corroe

A ver si alguien me lo aclara, en caso de que alguien lo tuviera claro: si Escocia se independiza, la Union Jack perdería la cruz de San Andrés y su elegante azul marino... ¿Se quedarían los ingleses con las cruces cruzadas de San Jorge y San Patricio (correspondiente al trocito que conservan de Irlanda) sobre un decolorado, despintado fondo blanco? ¿No sería como la bandera imperial nipona dibujada por un niño de tres años? ¿No se parecería peligrosa, hilarantemente al esquema de un tablero de tres en raya? No caerá esa breva, pero la duda maliciosa me corroe.

Epitafio VII

EPITAFIO DE UN CREYENTE

Desde que me morí,
vivo en sitios mejores.
No soy quien yace aquí.
Ahórrate las flores.

domingo, 24 de noviembre de 2013

sábado, 23 de noviembre de 2013

Epitafio VI

EPITAFIO DE UN ATEO, 2

Confirmado: Dios no existe,
pero, como ya estoy muerto,
ni estoy alegre ni triste.

viernes, 22 de noviembre de 2013

jueves, 21 de noviembre de 2013

Epitafio V

EPITAFIO DE UN SINDICALISTA DEL RÉGIMEN

Se me clavó un langostino
que sin pelar me comí
(con tal ansia lo engullí)
y me horadó el intestino.
Por eso me encuentro aquí.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Unas coplas de Manuel Machado

Es bien sabida la predilección que, dentro de su variopinta y al mismo tiempo unitaria obra, tiene Manuel Machado por la poesía popular, concretamente flamenca; el gran poeta sevillano se sitúa en ella en el lugar del eterno cantor anónimo, que con una sencillísima pero suficiente estructura estrófica es capaz de llegar a lo más hondo (o jondo) del alma humana. Selecciono algunas composiciones en las que el sempiterno hermano de su hermano deja mover su pluma al compás del estro del pueblo sencillo, sin renunciar nunca a la exquisitez formal que en todo lugar lo caracteriza. Pertenecen, cómo no, a su Cante hondo (1916), y algunas se cuentan entre las más famosas y celebradas de su autor. En la pequeña serie numerada que se ofrece a continuación, he procurado abarcar los distintos temas que cubre esta señalada faceta de la poesía de Manuel Machado: el previsible tema del amor imposible (2), el del desamor (6,7), el de la pasión excesiva (9); el tema de la vida nocturna, bohemia y canalla (2, 4, 5); un arraigado y elegante, aunque perplejo, escepticismo, muy caracteristico de esta etapa de nuestro autor (10, 11), que no excluye llamar al pan pan y al vino vino (3, 12); una muy machadiana reflexión sobre el tiempo y la identidad (1); e incluso un desgarrador quejío (8) con trasfondo de denuncia social, en una seguiriya gitana que tan bien podría entonarse acompañada de la guitarra. Nótese, por último, que dos de las siguientes coplas son bien conocidas: la 6, que su hermano Antonio, con el que tanto colaboró, remató tal vez de modo más exitoso; y la 9, que recibió años después una versión a cargo de un famosísimo cantaor que todos reconocerán. He aquí ya la pequeña antología:

(1)
El que un día dijo adiós
nunca vuelve siendo el mismo:
es otro, no el que partió.

(2)
Cuando estás despierta, duermo;
cuando duermes, velo yo:
que yo sea tan juerguista
no conviene a nuestro amor.

(3)
Lo mires como lo mires
y lo vuelvas a mirar,
el que no llora, no mama:
¡fijate si llorará!

(4)
En el cuarto' los cabales
los flamencos se apretujan
como pollos en corrales.

(5)
¡Mujer, déjame en la cama,
que aunque sea mediodía,
aún me dura la resaca!

(6)
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día...
¡no veas lo que costó!

(7)
¡Mira si yo te he amao,
que de mi casa a la tuya
ocho suelas he gastao!

(8)
Ya he entregao en Hacienda
la declaración,
¡que las fatiguitas, niña, de la muerte
he pasaíto yo!

(9)
Tengo que hacer un rosario
con tus dientes de marfil...
y cuando tengas que usarlos,
me los vuelves a pedir.

(10)
Tú lo sabes, yo lo sé,
luego los dos lo sabemos...
pero no recuerdo qué.

(11)
De lo que dice la gente,
yo nunca me creo ,
porque una mitá es mentira
y la otra no es verdá.

(12)
La felicidad completa:
una morena del brazo
y la cartera repleta.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Greguería

Lo que para el poeta es ocasionalmente la inspiración debe de ser la continua respiración de los ángeles.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Epitafio III

EPITAFIO DE UN MATERIALISTA

Aunque me ves de este modo,
mis átomos se disgregan
y a otros cuerpos se agregan.
Nunca moriré del todo.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Vindicación del marfil

¿Recluirse, acorazarse en la torre de marfil? ¿Ascender por ella hacia lo más alto, hasta la cercanía del sol y la luna y las estrellas? ¿Convivir sólo con aquellos semejantes de buena voluntad, con quienes aman lo divino que hay en lo humano? ¿No condescender a bajar de ella sino en lo estrictamente imprescindible? Por supuesto: la torre se alza entre la gigantesca inmundicia del erial infecto de la sociedad de hoy.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Punto de inflexión

Las causas son obviamente anteriores, pero podemos hallar un punto de inflexión: el día primero en que un profesor tuvo miedo de entrar en el aula a dar clase a sus alumnos, se verificó la imparable y deliberada destrucción de la enseñanza en España.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Epitafio II

EPITAFIO PARA UN REDOMADO VAGO

Descansa en lecho eterno al fin en paz
quien en vida no supo qué es cansarse,
extenuado de tanto descansar.

martes, 12 de noviembre de 2013

Lamento della Ninfa

Así se llama el poema escrito por Ottavio Rinuccini al cual puso música Claudio Monteverdi en su octavo libro de madrigales, llamado Madrigali guerrieri e amorosi y que supone una de las cimas de su arte. Reproduzco la pieza y pongo entre corchetes los versos que no se cantan en la versión que se enlaza más abajo. A continuación de la misma ensayo una traducción; aunque es meramente informativa (el texto se entiende bastante bien, pero puede haber expresiones algo oscuras), he tratado de reproducir la métrica, sin mayores pretensiones; no he evitado la aparición de alguna rima.

LAMENTO DELLA NINFA

[Non havea Febo ancora
recato al mondo il dì,
ch'una donzella fuora
del proprio albergo uscì.

Sul pallidetto volto
scorgeasi il suo dolor,
spesso gli venia sciolto
un gran sospir dal cor.

Sì calpestando i fiori
errava or quà or là,
i suoi perduti amori
così piangendo va:]

«Amor», dicea e 'l piè,
mirando il ciel, fermò,
«Dove, dov'è la fè
che 'l traditor giurò?»

Miserella, ah più no, no,
tanto gel soffrir non può.

«Fa che ritorni il mio
amor com'ei pur fu,
o tu m'ancidi ch'io
non mi tormenti più.

Non vo' più ch'ei sospiri
se non lontan da me,
no, no che i martiri
più non darammi affè.

Perchè di lui mi struggo,
tutt'orgoglioso sta,
che si, che si se 'l fuggo
anchor mi pregherà?

Se ciglio ha più sereno
colei che 'l mio non è,
già non rinchiude in seno
amor si bella fè.

Né mai sì dolci baci
da quella bocca avrai,
né più soavi, ah, taci,
taci, che troppo il sai.»

[Sì, tra sdegnosi pianti,
spargea le voci al ciel;
così nei cori amanti
mesce amor fiamma e gel.]


LAMENTO DE LA NINFA

[Aún no había Febo
traído al mundo el día,
que fuera una doncella
de su albergue salió.

A su pálido rostro
asomaba el dolor,
y a menudo un suspiro
grande su pecho daba.

Andando entre las flores
erraba aquí y allá,
sus perdidos amores
así llorando va:]

«Amor» -dijo, y detuvo
el pie mirando al cielo-
«¿Dónde, dónde la fe
que el traidor me juró?»

Pobrecilla, no puede
con tanto sufrimiento.

«Haz que retorne a mí
mi amor, como antes fuera,
o mátame, que yo
no me atormente más.

No quiero que él suspire
si no es lejos de mí,
no, no que aquel martirio
no vuelva yo a pasarlo.

Porque por él me muero
todo orgulloso está;
¿tal vez si de él me alejo
aún me rogará?

Si ella tiene un mirar
más sereno que el mío,
no albergará en su seno
amor de tanta fe.

Ni unos besos tan dulces
de esa boca tendrá,
ni más suaves, ¡ah!, calla,
que él de sobra lo sabe.»

[Así, entre amargos llantos
su voz lanzaba al cielo;
así en pechos amantes
mézclase fuego y yelo.]

Oigan la versión de este madrigal por el grupo L'Arpeggiata, en la voz de la apasionada, fantástica Nuria Rial. Ella es la ninfa en la que pensaba Monteverdi.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Epitafio

EPITAFIO PARA UN SOÑADOR

Aquí yace un soñador.
Que metan ruido no importa:
si en vida no despertó,
no cuiden que lo haga ahora.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Variaciones sobre un tema de Adorno

Hay ocasiones en que un cuaderno se convierte en hogar, en patria íntima: cuando el entorno es inhóspito, hostil o simplemente indiferente; cuando nos circunda lo anodino, lo anónimo, lo rutinario; cuando estamos lejos; allí, en un breve remanso, en un rato de paréntesis o en unas horas desiertas. Las páginas se abren con una sonrisa: hojas en blanco o ya surcadas por la pluma. Nadie está solo si está consigo. Me hallo en casa.

sábado, 9 de noviembre de 2013

viernes, 8 de noviembre de 2013

Un epigrama de Marcial

Cur non mitto meos tibi, Pontiliane, libellos?
     Ne mihi tu mittas, Pontiliane, tuos.

¿Que, por qué, Pontiliano, no te remito mis libros?
     Para que tú a mí no me remitas los tuyos.

Marco Valerio Marcial, Epigramas, VII, 3

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cierra

Cuando un libro deja de hablarnos, conviene dejarlo; lo contrario es empeñarnos en leer letra muerta: en otra ocasión retomaremos el diálogo. Porque los libros nos llaman. Es el libro el que encuentra al lector.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La Edad de Oro

THE GOLDEN AGE

A while ago I was in the train, and getting near Sligo. The last time I had been there something was troubling me, and I had longed for a message for those beings or bodiless moods, or whatever they be, who inhabit the world of spirits. The message came, for one night I saw with blinding distinctness, as I lay between sleeping and waking, a black animal, half weasel, half dog, moving along the top of a stone wall, and presently the black animal vanished, and from the other side came a white weasel-like dog, his pink flesh shining through his white hair and all in a blaze of light; and I remembered a peasant belief about two faery dogs who go about representing day and night, good and evil, and was conforted by the excellent omen. But now I longed for a message of another kind, and chance, if chance there is, brought it, for a man got into the carriage and began to play on a fiddle made apparently of an old blacking-box, and though I am quite unmusical the sounds filled me with the strangest emotions. I seemed to hear a voice of lamentation out of the Golden Age. It told me that we are imperfect, incomplete, and no more like a beautiful woven web, but like a bundle of cords knotted together and flung into a corner. It said that the world was once all perfect and kindly, and that still the kindly and perfect world existed, but buried like a mass of roses under many spadefuls or earth. The faeries and the most innocent of the spirits dwelt within it, and lamented over our fallen world in the lamentation of the wind-tossed reeds, in the song of the birds, in the moan of the waves, and in the sweet cry of the fiddle. It said that with us the beautiful are not clever and the clever are not beautiful, and that the best of our moments are marred by a little vulgarity, or by a needle-prick out of sad recollection, and that the fiddle must ever lament about it all. It said that if only they who live in the Golden Age could die we might be happy, for the sad voices would be still; but they must sing and we must weep until the eternal gates swing open.


LA EDAD DE ORO

Hace un tiempo iba yo en tren, y acercándome a Sligo. La última vez que había estado allí algo me había estado preocupando, y había anhelado un mensaje de aquellos seres o estados de ánimo incorpóreos, o lo que quiera que sean, que habitan el mundo de los espíritus. El mensaje llegó, pues una noche vi con claridad cegadora, mientras yacía entre dormido y despierto, un animal negro, medio comadreja, medio perro, moviéndose por lo alto de una pared de piedra, y al poco el negro animal se esfumó, y desde el otro lado vino un perro blanco parecido a una comadreja, su carne rosada brillando a través del blanco pelo, y todo en una llamarada de luz; y recordé una creencia campesina acerca de dos perros encantados que van por ahí representando el día y la noche, el bien y el mal, y me sentí confortado por tan excelente presagio. Pero ahora anhelaba un mensaje de otra especie, y la casualidad, si la casualidad existe, lo trajo, pues un hombre entró en el vagón y empezó a tocar un violín hecho al parecer con una vieja caja de betún, y aunque soy bastante amúsico, los sonidos me llenaron de las más extrañas emociones. Me pareció oír una voz de lamento procedente de la Edad de Oro. Ella me dijo que somos imperfectos, incompletos, y que ya no somos como una hermosa tela tejida, sino como un manojo de cuerdas anudadas juntas y arrojadas a un rincón. Dijo que el mundo todo fue una vez perfecto y benigno, y que todavía el mundo benigno y perfecto existía, pero sepultado como un montón de rosas bajo muchas paladas de tierra. Las hadas y los más inocentes de los espíritus habitaban en él, y se lamentaban de nuestro caído mundo en el lamento de las cañas agitadas por el viento, en el canto de los pájaros, en el gemido de las olas, y en el dulce llanto del violín. Dijo que entre nosotros los hermosos no son inteligentes y los inteligentes no son hermosos, y que nuestros mejores momentos los estropea un poco de vulgaridad, o el alfilerazo de un triste recuerdo, y que el violín debe siempre lamentarse de todo ello. Dijo que sólo con que los que viven en la Edad de Oro pudieran morir, podríamos ser felices, pues las voces tristes callarían; pero ellas deben cantar y nosotros llorar hasta que las puertas eternas giren y se abran.

William Butler Yeats, The Celtic Twilight, 1893

lunes, 4 de noviembre de 2013

ES LA LEY

ES LA LEY manifiestan sesudos comentaristas. ES LA LEY, dicen: así, todo con mayúsculas, lo he visto escrito por cierto meapilas (apelativo que él suele endilgar a otros) que se pone estupendo con lo del Estado de Derecho, sin tener ni repajolera de lo que eso es, a tenor de lo que comenta. ES LA LEY dicen, manifestando su hondo pesar por que pongan en la bendita calle (ipso facto y sin dilación alguna, no como en otros casos menos graves) a asesinos que no deberían salir jamás de la trena, pero que engrosarán gradualmente el número de liberados en una amnistía encubierta y vergonzosa, fruto de una negociación con muertos sobre la mesa. ES LA LEY, y el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dixit. Ahora bien, dejada a un lado la cuestión de que la sentencia no es vinculante, dejada a un lado la cuestión de que es jurídicamente discutible, dejada también la no menos importante cuestión de que España es (y debería portarse como tal) un Estado soberano con sus tribunales propios, dejando a un lado todo eso, nótese cómo estos exquisitos acatadores de sentencias no exclamaban su ES LA LEY cuando la reciente campaña contra los desahucios o cuando algunos políticos y sus familias (i.e. personas también con derechos, como los terroristas) eran acosados con métodos tipo kale borroka o directamente filonazis. TAMBIÉN ERA LA LEY, y también era (o se supone) un Estado de Derecho. Sin embargo, obviamente, no era lo mismo, y su amplia visión del Derecho les permite concebir un imperio de la ley intermitente que está, desaparece y luego vuelve a estar, según convenga a las estrategias para recuperar el poder y a las tácticas del momento. El caso es que a gran parte de los ahora bruscamente preocupados por los desahucios (concretamente desde que un partido de los de su bando perdiera el poder) se les da una higa los desahuciados, sectariamente odian a los desahuciadores siempre que no sean de los suyos y aplauden con sordina que los que han manchado sus manos de sangre gocen de libertad y se regodeen en sus crímenes, porque en el fondo tienen mucho en común con ellos, cuando no casi todo. Ejercicio gigantesco de hipocresía el practicado estos días en la pobre España: por un lado, la de los que se alegran en secreto de la suelta infumable, que legitima el asesinato como forma de hacer política; por otro, la de los que efectivamente les dan larga a los asesinos, fingiendo fementidamente una inevitabilidad que no existe.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Limpiar pescado

Así se titula el volumen donde un llamado poeta contemporáneo reúne sus producciones hasta la fecha. El exquisito título, tan refinada metáfora, connota hábilmente una labor de paciente selección y depuración, si bien un poco asquerosa, pero que, más allá de lo culinario, ingresa en una fría asepsia quirúrgica. El lector avisado comprende (y aprecia) al instante la dicha metáfora con sólo echarse a la cara la portada del libro del vigoroso poeta de la experiencia. A este conocido autor (muy bien relacionado, por supuesto, dentro del Régimen, y que continúa en activo aun después de este tour de force) pueden recomendársele, ahondando en la fructífera vena ya abierta por él, los siguientes títulos para uso futuro: Pelar patatas (o cebollas), Cepillarse los dientes, Reventarse un grano o, ya definitivamente, Dar del cuerpo.