viernes, 31 de mayo de 2013

Cimas

Se debe medir al poeta por sus cimas, no por sus valles. Jorge Manrique o San Juan de la Cruz, el Anónimo Sevillano o el mismo Bécquer, no necesitan más que unos cientos de versos para alcanzar lo máximo que puede alcanzarse en poesía. De ahí también que cientos de poemas prescindibles o directamente malos no arruinen la calidad de un poeta: de no ser así, una selección de los peores poemas –una anti-antología poética– bastaría para acabar con la altísima reputación de poetas abundantes como Jorge Guillén o Pablo Neruda.

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