lunes, 29 de abril de 2013

Concentración

Lo contrario de la familia extensa es la familia intensa: el trabajo es el mismo, menos a repartir, nula división del trabajo.

viernes, 26 de abril de 2013

Naturaleza

Ése era el tema. Pero servidor, que se llevó el apresurado libraco a la reunión, ni encontró ocasión ni juntó ganas, ni tampoco se acordó demasiado estando en tan grata y acogedora compañía. Del gran Francisco de Medrano (a quien, si no reivindiqué como pensaba, ya lo haré de seguro) la libre recreación, sencilla y honda, de la famosa oda de Horacio Diffugere niues (Carmina IV, 7): la naturaleza como espejo de lo que no es el hombre (immortalia ne speres). ¿Qué nos queda, pues? Contemplar la belleza fugaz, pero belleza al cabo, e incesante, del mundo, y disfrutar de la compañía de aquellos que merecen la pena, como anoche fueron Alonso, Enrique, Fernando, Jesús, José Manuel, José Miguel y Ramón. Va por vosotros.
 
 
Huyó la nieve y árboles y prados
de hoja y grama se visten,
la tierra se rebeza y amenguados
los ríos no la embisten.
 
El año te amonesta que no esperes
bienes aquí inmortales
y el día, que arrebata los placeres
y gustos no cabales.
 
Amansa del hibierno yerto el frío
con favonios templados
y al verano ahuyentan del estío
los soles requemados.
 
Éste fallesce luego que el sabroso
otoño nos madura
los frutos y el hibierno perezoso
por tornar se apresura.
 
Mas los daños del tiempo, presurosas,
las lunas los reparan
y restituye el céfiro las rosas
que los cierzos robaran.
 
Nos, de peor condición, si tal vez una
a aquesta luz cedemos,
¿en qué abril, a qué viento, con qué luna
renovarnos podremos?

 
Francisco de Medrano, Diversas rimas, II, ode IV



martes, 23 de abril de 2013

sábado, 20 de abril de 2013

El santo patrón de los anglómanos

Si ningún gremio carece de su santo patrón, si los dentistas tienen a Santa Apolonia, los informáticos a Santa Tecla y los electricistas a la Virgen de la Candelaria, ¿por qué no los anglómanos, siendo hoy en día un colectivo quizá no tan devoto pero sí muchísimo más numeroso que los antes mencionados, y mucho más influyente, sobre todo en España, tierra acomplejada y autocainita donde las haya? Tal patrón no debe ser otro que el insigne escritor argentino Jorge Luis Borges, quien, pese a no haber sido (aún) elevado a los altares por eso del pequeño inconveniente de haber sido más bien agnóstico y escéptico, tiene a su favor: 1) una tempranísima militancia activa en el campo de la anglomanía en una época en la que el inglés aún no estaba tan de moda, 2) el envidiable plus de garantía de poseer un cuarterón de no contaminada sangre inglesa procedente de su abuela paterna, 3) una abundante literatura hagiográfica dedicada por sus devotos (razón de más para sospechar su santidad), y 4) por encima de todo, el mérito de haber inoculado esa bendita manía a generaciones de lectores fascinados por su geniales relatos, sus ensayos y sus poemas. ¿De dónde, si no, habrían salido tantos escritores y similares, en España o en América, embelesados con los pasables sonetos del tísico Keats, ensayando en secreto los supuestos ademanes del gentleman o tratando sin éxito de pronunciar sin tropezarse «William Wordsworth»? ¿Qué habría sido de sus vidas sin saber quién era William Morris? ¿Qué sin haber conocido al supremo oráculo omnisciente T. S. Eliot?

Es verdad que en sus escritos y declaraciones la anglomanía de Borges no pasa de candorosas provocaciones contra el estrecho casticismo que él advertía en su época. Es verdad que amó el español y que lo cultivó como casi nadie. Sin embargo, su preferencia asfixiante, ya supersticiosa, por la literatura y la cultura anglas lo convierten en el hombre adecuado. También esta denuncia explícita y pormenorizada de la incurable inferioridad de nuestro idioma: «El hecho es que el idioma español adolece de varias imperfecciones (monótono predominio de las vocales, excesivo relieve de las palabras, ineptitud para formar palabras compuestas), pero no de la imperfección que sus torpes vindicadores le achacan: la dificultad. El español es facilísimo.» El que Borges prefiera, por el contrario, el monótono predominio de las consonantes propio del inglés, la falta de relieve y casi indiscernibilidad de sus palabras (been, being, bean, beam, bin) y el gran avance y tremenda superioridad que supone decir, por ejemplo, lamppost («poste-lámpara) en lugar de «farola», lo sitúan como sempiterno referente de todo anglómano. ¿Que, análogamente al español, el latín, y no digamos el griego, poseen una sonoridad estruendosa y grosera comparada con los escupientes susurros de la sagrada lengua de Shakespeare? Se siente, pero es lo que hay.

Propongo, por consiguiente, la inmediata proclamación de Jorge Luis Borges como santo patrono y guía espiritual de anglómanos. Verán éstos reflejadas en él las virtudes de las que la mayoría de ellos carecen: un auténtico dominio del idioma inglés, y aun del español.

viernes, 12 de abril de 2013

Aventura intramarital

Ella había cambiado tanto en tan poco tiempo, que él cometía adulterio con su propia mujer.

jueves, 11 de abril de 2013

Sueño del caballero

Del cuadro homónimo de Antonio de Pereda

Gentil doncel que al sueño adolescente
te rindes inocente
ricamente ataviado y elegante,
tu abigarrado ensueño
la cifra de tu empeño
ambicioso te pone por delante,
y tu mesa atiborra
de tentadoras glorias terrenales
que mienten bienes y administran males,
que el Tiempo, impío, en breve tiempo borra;
mientras, un ángel providente vela
sosteniendo una esquela
cuya leyenda advierte
que al cabo todo es pasto de la muerte,
verdad desatendida
por más que de continuo repetida.
Bien lo anuncia la flecha
presta: que toda cosa va derecha
a su meta fatal, inevitable;
toda cosa es instable
y atropellada muda y cae deshecha
en su invencible fecha
fijada, inaplazable.
«Eternamente hiere,
rápida vuela y mata»,
mas el hombre prefiere
aquello que lo inquieta y lo maltrata.
Soplo dentro de un soplo,
el muro de soberbia altanería
el tiempo desmorona con su escoplo
que inadvertido roe noche y día:
no ya de Jericó potente trompa,
sino un tierno vagido
se basta a hacer que rompa,
y ni recuerdo deja de que ha sido.

Pero jamás se agota el espejismo
que mal disfraza el insaciable abismo,
y un insolente orgullo
ciego presume que lo ajeno es suyo.
Así, se te presentan
vanidades sin fin, pompas del yerro
incansable y humano
que la codicia tientan
del necio y del ufano:
las glorias militares
con su estruendo de pólvora y de hierro
(fatigas de la nada en ejercicio);
la flor de los azares
con sus triunfos fugaces y mentidos;
el placentero oficio
de amador, que promete a los sentidos
sin término delicias
que, tras de sus primicias,
su miel en hiel convierten presurosa
(la acelerada rosa,
gala de los abriles,
más durará lozana en sus pensiles);
alhajas de oro y lúcido diamante
y dineros sin cuento
(polvo que arrolla el viento
los hará la fortuna más constante);
libros gastados por atentos dedos,
desvelos de eruditos escritores,
fatiga de lectores,
afán de autoridades,
que, polvorientos, manifiestan quedos
docta ocasión de espesas nulidades;
las altas majestades
de púrpura y corona,
y los báculos sacros, pontificios,
que la ancha Muerte, no, jamás perdona
ni rendirán, de cierto, beneficios:
que ni coronas reales
ni aun tïaras papales
(así lo dicta inexorable hado)
mudan la condición a los mortales.

Todo se te presenta amontonado,
sin orden ni concierto,
que orden no cabe en lo que ya está muerto;
y todo lo gobierna
la manecilla eterna
(por leve y por constante)
del Tiempo que incesante-
mente nos ratifica sus presagios:
brújula de naufragios,
aguja de la ruina
por la que todo a tierra al fin se inclina.
¿La calavera monda
no basta a que tus dudas te responda?,
que, aunque no tiene lengua,
dice bien claro cómo el mundo mengua:
no te embauque su máscara,
que es vana nuez, podrida tras la cáscara.
Despierta, caballero,
despierta a la verdad, y que tu alma,
en no turbada calma,
goce del bien secreto y verdadero;
que el engañoso mundo
no te arrastre consigo a lo profundo.
El celestial amor, goce divino,
te guíe desde ahora en tu camino.
¿No ves la podredumbre
que el vulgo adora por tenaz costumbre?
Despierta y rectifica,
que tu ensueño a las claras te lo explica:
que nada tiene dueño,
que el mundo todo es sueño
(y todo sueño, vano)
e inacabable imperio del gusano.

miércoles, 10 de abril de 2013

Ni huella

Demasiado a menudo, después de leer la crítica de un libro de poesía, me viene de pronto a la mente el final del famoso estrambote cervantino: Fuese y no hubo nada.

martes, 9 de abril de 2013

¡Examen!

Cuenta Ernst Jünger en sus memorias bélicas Bajo tormentas de acero que, aun en las trincheras, los antiguos estudiantes continuaban padeciendo aterradoras pesadillas de exámenes, de las que finalmente se despertaban aliviados ¡como soldados de la Primera Guerra Mundial! Pese al inmediato respiro, es de suponer que la metralla, los piojos o el fango por doquier harían pronto añorar incluso tan poco dulces sueños.

lunes, 8 de abril de 2013

Metamórfosis

A la larga, el tiempo va convirtiendo a los hombres o en sátiros o en eunucos.

jueves, 4 de abril de 2013

Greguería

Ese avión reluciente, como un diminuto pececillo de plata, que cruza, lento y solitario, lo más alto del cielo azul.

miércoles, 3 de abril de 2013

Una cita de Baltasar Gracián

«No gastar de balde, ni aun en el esparcimiento. Desdice la familiaridad cuanto dictó la expectación. Gástase el gusto y gana más una abstención que mil frecuentaciones, que con el contacto aféase más el sujeto que el accidente. Difiérase el recibimiento: se ganará en aplauso, y aun lo mediocre se elevará a las veces a sublime. Fastidia el manjar excelente, servido de contino. Cárgase más de razones quien menos las prodiga. Todo lo bello, y aun lo sabio, aménguase con el uso, que rebaja más el comercio rutinario que la poca eminencia del artífice.»
 
 
Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, 174

lunes, 1 de abril de 2013

El gallo ronco

«Zwar der Hahn kräht; aber er weckt die Welt nicht!»
 
«Ciertamente canta el gallo, ¡pero el mundo no despierta!»
 

August von Platen, de la oda «Kassandra», v. 25