jueves, 7 de marzo de 2013

El sinfondo

Nihilismo: abismo. El fundamento de siempre, aquel que toda la vida habíamos pisado seguros, aquel que ni creíamos inamovible porque ni siquiera reparábamos en que ahí estaba, se nos ha quitado de pronto, se ha esfumado de súbito bajo nuestros pies, y el sinfondo es ahora el lugar vertiginoso que nos rodea por todas partes. Caemos y caemos y caemos, porque nuestra gravedad sí que sigue siendo cierta.

6 comentarios:

  1. Muy bueno, diría que no se puede puede decir con otras palabras ni con otro título.

    Antonio, gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, siempre, por tus palabras y por tu atención, Lourdes, eres muy amable.

      Un saludo.

      Eliminar
  2. ¿En cuál de acepciones del DRAE interpretamos esa gravedad, Antonio? ¿O quizá en todas?

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Exactamente en ninguna, Fernando, debería ser en ésta que no viene en ese diccionario: «Cualidad de grave», entendiendo «grave» en la primera acepción del susodicho: «Dicho de una cosa: Que pesa.» La idea es que seguimos pesando pero nada nos sostiene. Iba a escribir la última frase de otra manera, por ejemplo: «Pero la gravedad sí que sigue existiendo.» o algo por el estilo, pero a todo el mundo se le vendría inmediatamente a la mente Isaac Newton y su archifamosa Teoría de la Gravitación Universal, y no quería esa connotación. Ése es quizá el motivo de que suene un poco raro el final.

      Un saludo, Fernando

      Eliminar
  3. Si se trata, como nos parece ahora, de un abismo sin límite, habrá que entender la caída como el nuevo fundamento. Quizá así toda la vida caigamos seguros, no habrá fondo donde estrellarse. Eso, suponiendo que deseemos buscar esa seguridad.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante respuesta, Amando. De hecho, el carecer de fundamento es el fundamento del nihilismo; podemos afirmar, en efecto, que la caída es el nuevo fundamento, pero ese suelo es bien poco fértil, ni lo pisa el hombre ni lo recorre como propio, sino como algo hostil, de hecho, no existe suelo, sino caída. Lo que sostiene también hace mortales las caídas, pero una caída sin fin no es habitación para el hombre. Esa «seguridad» que citas es el ser mismo, palabra que (no en vano) procede de «sedere» («estar sentado»), de él recibe el hombre su esencia. Lo que no tiene asiento cae sin fin, la nada corroe el ser; y el desasosiego y el vértigo son manifestaciones meramente secundarias del nihilismo.

      Un abrazo.

      Eliminar