lunes, 11 de marzo de 2013

El Innombrable

Porque no hieden las palabras que inficionó tu lengua y babó tu boca, sabemos que son divinas. Podemos usarlas cada día, salubremente, en comunión, por más que fugaz, con el Ser que las anima: pueblo, democracia, libertad, verdad, justicia, paz, España. Resisten, son inmunes: indemnes escaparon a tu insondable mala fe, a tu rencor gratuito y furibundo, que ocultas con cobardía inveterada. Que todos puedan pronunciarlas, pese a ti, hoy y por siempre jamás, con limpieza de corazón y a salvo de todo mal. Amén.

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