domingo, 10 de marzo de 2013

Boutade

Durante años y años he frecuentado, con creciente entusiasmo, uno de los más intensos y confortantes placeres que los dioses deparan al ser humano: no leer literatura francesa. Últimamente, por desgracia, como me sucede con tantas cosas, vengo faltando más de la cuenta a esa sana costumbre.

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¡Hombre!, alguien que no se me escandaliza y/o me mira como a bicho raro si digo cosa parecida... La verdad es que a veces me dejaba de sonar también a mí... ¡Y es que hay tantas cosas interesantes, amenas, importantes (y, sobre todo, no pedantes) que leer!

      Un saludo muy cordial.

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  2. Ciertamente la pedantería es un aditamento que se interpone y marea, casi la podríamos calificar de delito, haciendo un símil con aquello que decía Adolf Loos sobre el ornamento y la arquitectura: "el ornamento es delito".
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Curiosa y rotunda frase, de la que no ando muy lejos, porque es una de esas ideas-brújula que pueden orientarlo a uno; en este caso, uno acabaría adornando aun con restricciones, pero sin olvidar que el ornamento no es la sustancia del caso.

      Salud también.

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  3. Yo sigo privándome de ese disgusto y eso que en mis épocas de niñez, mi mamá me perseguía con Anatole France.

    A mí, por ejemplo, no me gusta Borges. Una vez me echaron de una clase por decir eso: oh, sacrílega. Atenté contra un monstruo sagrado.

    Besooooooooooote

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    1. Buena intención, sin duda, la de tu mamá.

      Lo de Borges es directamente anatema para muchos, es verdad, supongo que sobre todo en Argentina. Yo le debo mucho y para mí leer a Borges fue un antes y un después; lo malo es que nos quedan los bogianillos...

      Feliz de leerte por aquí.

      Ídem

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