martes, 5 de febrero de 2013

Beatus ille

Este poema es una deliciosa versión sui generis ––y, con toda seguridad, involuntaria–– del famoso tópico horaciano. Pertenece al maravilloso y extravagante Estravagario, en el que Ricardo Reyes, alias Pablo Neruda, se aleja casi por completo de la tensión de su poesía marxiana, en la que se hace sentir continuamente la asfixiante, extenuante, titánica y apremiante ideología totalitaria de los grandes tiranos millonariamente asesinos del siglo XX, acompañada de su estruendosa cohorte de propaganda, trompetería y planes quinquenales. Aquí, por contra, la poesía es jocundia y sosiego y clara intimidad. El campo, la cosecha, la fiesta, la casa, el amor, el mar, la luna, el planeta... sencillamente, en estructura anular.
 
 
EL PEREZOSO
 
Continuarán viajando cosas
de metal entre las estrellas,
subirán hombres extenuados,
violentarán la suave luna
y allí fundarán sus farmacias.
 
En este tiempo de uva llena
el vino comienza su vida
entre el mar y las cordilleras.
 
En Chile bailan las cerezas,
cantan las muchachas oscuras
y en las guitarras brilla el agua.
 
El sol toca todas las puertas
y hace milagros con el trigo.
 
El primer vino es rosado,
es dulce como un niño tierno,
el segundo vino es robusto
como la voz de un marinero
y el tercer vino es un topacio,
una amapola y un incendio.
 
Mi casa tiene mar y tierra,
mi mujer tiene grandes ojos
color de avellana silvestre,
cuando viene la noche el mar
se viste de blanco y de verde
y luego la luna en la espuma
sueña como novia marina.
 
No quiero cambiar de planeta.

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