viernes, 1 de febrero de 2013

Anticanon

Pocas cosas menos evitables que la fijación de un canon, ya sea literario, filosófico, musical o de cualquier actividad que en algo se relacione con las Musas. Pocas cosas, a veces, menos empobrecedoras. Normalmente es la zona iluminada de un arte ante el gran (o pequeño) público. Lo más allá de él suele no existir. El canon no necesita ser explícito, ni tan siquiera justificado, aunque de por sí contiene necesariamente una valoración. Lo crean el azar o el consenso, o más bien ambas cosas, y constituye una especie de alianza entre el gusto imperante, la pereza mental y los intereses creados. Cuenta el gran poeta sevillano Manuel Mantero, en el prólogo a la edición de su poesía completa, que Vicente Aleixandre le comunicó una vez que habría sido su deseo «componer una antología de toda la poesía española sin sujeción a la ortodoxia del canon»; por desgracia, nunca llegó a cumplirlo. Bien es cierto que cualquier intento de salirse del canon, cualquier anticanon, constituye a su vez un canon; pero ese salto tendría sus ventajas, al menos en lo tocante a la poesía, si proviene de un verdadero esfuerzo valorativo, por más que, como todos en literatura, estuviese éste aquejado de parcialidad. Rescatar del injusto olvido a tantos excluidos por el reduccionismo imperante, dando a conocer así a figuras casi absolutamente desconocidas, algunas de gran talla, y arrojar con ello una nueva luz más veraz sobre la historia de la literatura española, no serían, ciertamente, escasas ganancias.

2 comentarios:

  1. Y después, cuando los rescatados del olvido fueran ya carne del nuevo canon, volver a saltar... Siempre saltando, nunca estáticos en la acera, la poesía debe jugar a la rayuela, al azar, saltar siempre, creo.
    Un abrazo.

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    1. El anquilosamiento y el reduccionismo empobrecen y limitan la visión. Y es notable cómo el canon es en España prácticamente incontestable. Creo que es injusto que haya tantos buenos o excelentes autores que ni siquiera se citan o poco más que eso. En ese continuo «saltar» está la actividad por la cual la poesía recobra vida. Pero esto no debe suponer algo caprichoso, sino fundado en una valoración rigurosa.

      Un abrazo.

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