jueves, 14 de febrero de 2013

Anticanon - Rafael Cansinos-Asséns

Hay quienes no están y deberían estar. Hay quienes están donde no deberían. Hay quienes ni deberían estar. Rafael Cansinos-Asséns es de los segundos, demasiado a menudo de los primeros. Sevillano de 1883 finado en Madrid en 1964, prosista magistral, poeta, narrador, ensayista, traductor cuasi omníglota del griego, del francés, del alemán, del ruso, del persa, del hebreo, autor de una famosa versión de las Mil y una noches, entusiasta del modernismo primero, impulsor del ultraísmo después, converso al judaísmo, no lo ha tratado bien el canon vigente, aun cuando su obra El candelabro de los siete brazos es sin duda uno de los primerísimos volúmenes en prosa poética del siglo XX, sólo superado, a mi juicio, por el Platero juanramoniano. Como con otros de sus hijos, también su tierra ha sido con él excesivamente cicatera. Sus obras completas no están publicadas, aunque algunos de sus muchos títulos se han venido editando en los últimos años. Borges lo frecuentó un tiempo y lo consideró su maestro en la convicción de que era genial; al despedirse para retornar a su patria, el escritor argentino recuerda haber sentido que se despedía de todas las bibliotecas de Europa y del saber acumulado en ellas.

De la citada obra El candelabro de los siete brazos, publicada en 1914, reproduzco tres fragmentos, que sólo pueden dar una ligera muestra de esta obra singularísima, formalmente impecable, difusa y a la vez intensa, atesoradora de misterios, donde la maravilla del símil y la metáfora continuamente acechan. Su estilo es bíblico; su atmósfera, vagamente oriental. Su tema, que la recorre de principio a fin en un insistente continuum, es el del fracaso de la madurez corrompida y contumaz del libertino, que ha perdido para siempre la inocencia, que se debate entre alcoholes y cortesanas, pero que lleva su estigma  de vicio, podredumbre y melancolía con la fortaleza y la abnegación de un asceta. Siendo así, es normal que el ambiente predominante sea el nocturno. Nadie ha cantado a la noche como lo ha hecho Cansinos, especialmente en el capítulo que tituló «El alefato de la noche». Sin embargo, traslado tres fragmentos del capítulo inicial, «Los hombres maduros», que creo más idóneos para una presentación del autor. Como es habitual en el libro, los tres fragmentos se encabezan por letras del alfabeto hebreo, que valen por ordinales; en este caso, los fragmentos quinto, séptimo y decimocuarto.


HE

En medio de las gentes, semejantes a mí, mi espíritu ha sido singular como el cuerno del unicornio; como el acero está en el agua y la piedra está en el fuego, así he pasado entre las gentes.

Sus ojos han mirado los míos, sus manos han tocado mis manos y yo he dejado al polvo mezclarse con el polvo; pero he guardado el oro bajo siete llaves.

Como se cubre un fuego para avivar su llama, así he cubierto mi corazón de indiferencia.

Igual que un extranjero, he caminado por entre mis hermanos, y más desconocido he sido para ellos que si hubiese cubierto mi cara con un antifaz.

Muchos han creído conocerme; pero cuando más cerca me han tenido, mil brumas de ignorancia han cubierto sus ojos.

En medio de las gentes semejantes a mí, he sido singular y extraño como un sueño; y toda semejanza ha sido geometría.

[...]

ZAIN

En aquellos días yo tenía un gran miedo a la muerte: el pálido esqueleto llenaba todo mi pensamiento y estaba siempre junto a mí como un paje familiar.

Su mano descarnada me sirvió los manjares y me escanció los vinos; de pena y de temor, se nutrió así mi adolescencia y fui creciendo con espanto.

El pálido esqueleto fue como un preceptor; sus labios descarnados me enseñaron la sabiduría; toda mi ciencia se formó de terror y de melandolía, y estuve sobre la tierra como sobre un navío.

Como un asiduo servidor me despertaba y me dormía y me acompañaba a todas partes; con su espantosa boca declamaba los nombres de todas las cosas que llegaban a mi corazón.

Él era omnipotente y mi alegría no podía nada contra él; y como una cautiva bajo el velo, concebí un sordo rencor contra el enojoso.

Mas ¿cómo ha podido ser esto? El esqueleto y yo somos hoy los mejores amigos.; y por la nada y el olvido hemos hecho una eterna alianza.

[...]

NUN

Algún día esta taciturna figura que un momento ha turbado el resplandor del sol, se disipará y cada cosa será restituida a su origen y como se separan los brazos de dos amantes suavemente, se separarán.

Y cada cosa será vuelta al olvido y en el silencio será purificado y como el agua en el agua, como el aire en el viento, así cada cosa se unirá con su igual.

Y la tierra con la tierra estará contenta y se ornará de frutos; y el aire con el aire se regocijará y mecerá los frutos de la tierra.

Y toda memoria reposará en el olvido; y todo deseo dormirá en la ignorancia; y la paz se habrá hecho entre todas las cosas y en el seno de Nuestra Madre Muerte todo se habrá conciliado.

El que ríe y el que llora serán la misma cosa y como las flores que prensa el perfumista, unirán su fragancia; pero hasta entonces, ¡oh, hombres satisfechos! habrá diferencia entre nosotros.


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