domingo, 10 de febrero de 2013

Anglos, anglómanos y angloheridos

ANGLOS:
Con el término «anglo» no me refiero al bárbaro pueblo germánico de la Antigüedad, sino a todo lo que forma parte de la cultura anglófona. De este modo, al nombrar a «los anglos», no me refiero sólo a los ingleses o los británicos, sino a todos los que pertenecen al ámbito cultural anglófono (E.E.U.U., Canadá, Australia, etc.). Naturalmente, también puede usarse como adjetivo; así, puede hablarse de la cultura angla o de un determinado carácter o modo de ser anglo. Prefiero usar este término en lugar de «anglosajón», en primer lugar, por ser más exacto y menos equívoco: no se habla desde hace siglos el anglosajón sino el inglés; en segundo lugar, por ser más breve: «anglosajón» es innecesariamente largo. Si para empezar suena algo extraño, no importa: al poco uno se acostumbra.
 
ANGLÓMANOS:
Con el término «anglómano» viene designándose desde hace algún tiempo al individuo que, acomplejado por pertenecer a una cultura que él considera inexorablemente inferior (en muchas ocasiones la española), aspira a pertenecer a la, para él, suprema cultura del planeta o simplemente cultura por antonomasia: la angla. Aún más: de modo más o menos secreto, aspirará a convertirse él mismo en anglo o a que lo tengan por tal. Para ello gustará de adoptar los usos, las modas y especialmente anhelará dominar la lengua de esa cultura, que valorará siempre por encima de la suya; comprará preferentemente los productos que esa cultura publicita y los aplaudirá siguiendo el principio básico que ha asumido: todo lo anglo es superior. Asimismo, dedicará sus esfuerzos, normalmente de modo no retributivo, a la mayor gloria de Inglaterra y/o de la civilización angla ––para él la civilización––, cuyos logros tanto indudables como dudosos contempla invariablemente boquiabierto, cuyos fracasos minimiza, cuya propaganda acepta acríticamente y cuyos atropellos y crímenes niega o justifica como autodefensa, aun en detrimento de los intereses de su propia nación. El anglómano es un individuo singularmente patético y particularmente fanático y simple: en el mundo están los buenos, cultos, industriosos, pacíficos, bienintencionados, tolerantes, democráticos y árbitros de toda elegancia y saber estar; por otro, estamos los secularmente atrasados, ignorantes, intransigentes, corruptos, ceporros, genocidas, dogmáticos y palurdos en general. Se trata sin duda de una creciente patología social, más que de una moda lamentable, cuyas víctimas trabajan gratis y servilmente en beneficio de los que jamás harían lo mismo contra su propia cultura, bien al contrario.

ANGLOHERIDOS:
Haciendo un calco del vocablo «letraherido» (que creo que es de Gil de Biedma), invento el término «angloherido». Todo anglómano es un angloherido, pero no todo angloherido es un anglómano. El angloherido es aquel que, en mayor o menor grado,  siente complejo por pertenecer a una cultura (abundamentemente la española) que él entiende inferior a la angla. En el caso de que el angloherido no sea anglómano, anhelará que su cultura, o particularmente su nación, alcancen los logros que ha alcanzado, o que él considera que ha alcanzado, esa cultura y esas naciones cuyo nivel siempre siente inaccesible en mayor o menor medida. Los angloheridos son legión, pero su modo de sentir la realidad no es de suyo enfermizo como el del anglómano. Aunque en algún grado siempre asumen, mal que les pese, el principio fundamental de todo anglómano (ser inglés es más), pueden tener o al menos pretender una visión ecuánime de la realidad y pueden a menudo juzgar su cultura con un mínimo de garantías de objetividad.

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