lunes, 28 de enero de 2013

Un libro inédito de Pablo García Baena

Recién rescatado de un larguísimo e inmerecido preterimiento por parte de su autor, acaba de aparecer, publicado por la benemérita editorial Visor con un fervoroso prólogo de Luis Antonio de Villena, el poemario de Pablo García Baena titulado Repámpano (1955). Se sitúa esta obra, hasta ahora desconocida, en un lapso de tiempo fundamental entre dos de los títulos capitales en la trayectoria del poeta de Cántico: Antiguo muchacho (1950) y Junio (1957), y viene a constituir, en palabras del prologuista, «un a modo de eslabón perdido ––fundamental, ignoto, hasta ahora secreto–– del devenir poético (sinuoso como todos pero constante en el nunca defraudado compromiso acerbo con la calidad de su palabra creadora)  de uno de los más justamente aclamados ––y también justamente laureados por la crítica–– poetas contemporáneos». Debemos congratularnos, además, de que esta vez la edición de Visor esté privada de las erratas que por doquier exhibía la anterior de la Poesía completa (1940-2008), seguramente debidos a un uso chapucero de algún programa de OCR... Ofrezco el poema inicial del libro, que marca la temática del resto y que se encuadra en la línea habitual del autor y en general de los poetas de su grupo: pasión, sensualidad y sensorialidad, homoerotismo más o menos explícito; un rendido y a veces rebuscado amor por la sonoridad del vocablo, que en ocasiones se distrae de su significado; un cierto barroquismo y difusión en la forma, en permanente búsqueda de deslumbrantes y opulentas sonoridades; por último, el otoño y el desamor como temas recurrentes, en un marco de naturaleza e inconsciencia. He aquí el poema:

 
MUCHACHO CÉLERE

De pámpanos cupráceos Octubre encalvecía.
Alcatifas crujientes rendía el equinoccio
a mis pasos frenéticos de fiebre desvelada,
cuando la madrugada era un vértigo flébil de burlados deseos.
¡Oh, sí, yo recorría las sombras como ménade
de fustigados rizos como un remordimiento!
Denso tropel de arcángeles de argento ya asperjaba
la desmayada faz de la aurora opalácea
con perlería noctívaga de alquitarada urea...
La abeja aún extasiaba sus melares ensueños,
un perfume de pífanos se mimaba en las dalias
y oídos del profeta captaban los suspiros de un verano frustrado
––delicados berrinches de erecciones truncadas––.
Turbio arambel de bruma decepcionaba el oro
tardo del sol de otoño, perezoso y difuso.
Fue entonces el reencuentro,
cetrino churumbel asomado al brocal
––¡oh vertical cubóforo!–– encalado del pozo
del huerto de tu padre,
ese bruto inmediato que guardaba,
con rudo celo, a mano, el magullado tirso
de acebuche eficaz que a talanquera urge...
¡Sí, te adoré, doncel de afilados perfiles!
¡Oh hijo de la Vega de cloráceos repollos,
madre feraz de limos y melones risueños,
de opimas tomateras y chumberas barbudas,
de avisperos febriles y sonoras chicharras!
Sí, te adoré, muchacho, y mis jaculatorias
chorreaban por ti recalentados óleos.
¡Oh el dosel de tu boca!
¡Oh tus labios del zumo que escupe la granada!
¡Oh talle de palmera ensimismada y tórrida
que el céfiro cimbrea y no lo sabe!
¡Oh alabastrinos glúteos de hospitalario tacto!
¡Oh el alamar de miel, oculto a la mirada
en vano soñadora y ascética a la fuerza!
¡Oh el atanor del cuello suavísimo y esbelto,
manguera succionante de volcánicos fluidos...!
¡Que la razón ya pierdo tan sólo de pensarlo!
Pero, nada más verme,
escaldado huidor, agilísimo efebo,
lueñe muchacho célere, una vez más volabas
por la iterada vía que lleva a Villadiego.

2 comentarios:

  1. Plas, plas, plas. Qué bueno, no le falta un detalle, ni a la reseña ni al poema. Por cierto, ese "¡Oh alabastrinos glúteos de hospitalario tacto!" me lo robo para requebrar insospechadamente a las mozas.

    Un abrazo.

    PD: Lo del OCR me ha encantado.

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    1. Que me place que le plazca, don Fernando. He disfrutado mucho yo solo haciendo esta entrada y la de Jorge Guillén, pero si se comparte es doble alegría.

      Por cierto que, aunque pudiera no parecerlo, rara es la parodia que no supone la admiración por el parodiado. Éste es el caso.

      Me alegro de que el alejandrino que citas pueda servir a tan noble fin; se ve que es polivalente. Por supuesto, el verso es tuyo.

      Un abrazo y muchas gracias por la visita.

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