lunes, 17 de diciembre de 2012

Die Wüste wächst

Si el desierto crece y crece, cabría pensar que la poesía fuera acaso un desesperado y menguante oasis de verdor y frescura, el último reducto donde la Tierra aún está viva. Pero es un símil tan evidente y pueril que no es satisfactorio, ni siquiera correcto: un mero espejismo, añadiendo otro símil facilón. Tal vez cupiera decir mejor que la poesía es hoy como la rosa del desierto, la rosa de este desierto: piedra hermosa pero inerte. Se dijera que, en la arcaica competencia entre poesía y escultura, acabó venciendo ésta última. No obstante, esto es también otro espejismo: la escultura antigua contiene más actividad que la poesía hoy; la de hoy está condenada a morir petrificada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario