viernes, 30 de noviembre de 2012

La última Hesperia

A la tierra más occidental, a la que se asienta más al occidente que cualquier occidente, a la última Hesperia, ha de acudir nuestro pensar, nuestro decir, nuestro estar consciente e inconsciente, para huir de la sorda gangrena que nos atrofia y devora, para quedar limpios de impureza y desolación, para encontrar la salvación y la salud.

A la última Hesperia, más allá de la presente, a la que se yergue más allá de allende los mares, a la intacta y próvida isla o continente, territorio preñado de incontables riquezas y de inagotable esperanza, abundante en toda clase de maravillas.

A la tierra incógnita y familiar, extrema y entrañada, extraña y patria, última y prima.

A ella se llega por múltiples caminos. La catástrofe presente es uno de ellos. He aquí el privilegio de los condenados.

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